La ciencia en España no necesita tijeras. Como lema para una campaña contra los recortes presupuestarios no está mal, aunque la ciencia en España en realidad sí que necesita tijeras. Y pinzas, escalpelos y punzones. Y microscopios, y espectrómetros, y telescopios y sincrotrones. Y, sobre todo, necesita gente que sepa usarlos.
Llevo una semana queriendo escribir sobre esto, y no puedo. Me faltan datos. No porque no estén ahí, sino porque no me fío de ellos. Que va a haber recortes parece algo seguro. Lo que no está tan claro es la magnitud del recorte. ¿Estamos hablando de una bajada del presupuesto en I+D o de la asignación del Ministerio de Ciencia? ¿Son lo mismo los créditos que las subvenciones? Si uno lee El País, parece que todo baja. Garmendia se defiende dando datos de partidas concretas que suben.
Como digo, faltan datos. Haría falta tener una serie histórica, partida por partida, y en la que los indicadores globales se calculen de la misma manera. Pero esto es imposible. Las competencias cambian de ministerio, las partidas se renombran, fusionan o separan a gusto del político y todo seguimiento histórico detallado se desvirtúa.
Este año sonaba el nombre de un español para el Nobel de Física. No ha podido ser, pero ya le llegará su turno a Cirac. Eso sí, como Severo Ochoa, su investigación merecedora del premio no se realiza en España. No es el único español que merece el Nobel. Margarita Salas, Mariano Barbacid y algún otro más están pendientes de que caiga el galardón. Todos por investigaciones realizadas fuera.
Ayer estuve echando un ojo al Ranking de Leiden, un listado de las mejores universidades del mundo, establecido exclusivamente en base a criterios bibliométricos, tanto intensivos como extensivos. Las mejores, de EEUU. En Europa, Reino Unido y Suiza.
Todo es una cadena lógica. Los que más invierten, más producen. Los que más producen, más reciben. Sean artículos, patentes o premios Nobel, midamos lo que midamos, los países que más apuestan por la I+D avanzan más y más rápido. No es una apuesta a corto plazo, desde luego. Los efectos no se notan al día siguiente, ni siquiera a tiempo de las siguientes elecciones. Los países líderes de hoy son los que hace 50 años apostaron por un modelo productivo basado en el conocimiento. ¿Dónde queremos estar nosotros dentro de 50 años?


